Está científicamente comprobado (por mí), que cuantas más altas son las expectativas que tengo sobre un libro, más me decepciona. Y aún así, siempre me permito a mí misma fantasear con lo maravillosa que será la novela que estoy a punto de empezar, si a todo el mundo le ha fascinado, es obvio que a mí también, ¿no?
Y por otro lado, he aprendido que no me sirve de nada reseñar un libro en cuanto lo he leído, porque ahora, una semana después de terminarlo tengo las ideas mucho más claras.
Todo el mundo adora a la autora de esta novela, todos aman Un beso en París y Lola y el chico de al lado, menos la servidora.
Anna es la hija de un famoso (y novato) escritor de dramones, que decide enviar a su hija a un distinguido internado parisino, en el cual, según él, Anna vivirá auténticas experiencias totalmente necesarias para su formación no sólo académica, sino también como persona.
En el internado Anna conoce a Meredith, una chica deportista que habita la habitación de al lado, y no tardan en hacerse amigas. Y por gracias a ello, conoce a los otros amigos de Meredith, Josh, Rashmi y Étienne.
Desde un primer momento sabemos que entre Anna y Étienne pasará algo, cada vez que se encuentran saltan chispas, pero Étienne tiene novia, así que las cosas no serán fáciles entre ellos.
La relación de estos cinco amigos ha sido lo que más me ha gustado de la novela, son divertidísimos y sus aventuras y desventuras me salvaron de una muerte por aburrimiento inminente.
Me desesperó la lentitud de los dos tortolitos, si tanto se gustan, y Étienne ya no siente lo mismo por su novia, ¿por qué le dan tantas vueltas al asunto? Hay que ver lo que le gusta a la gente marearse gratuitamente. (Me indigno)
En conclusión, queridos, no odié el libro, pero tampoco lo amé. Otra prueba más de que ir con las expectativas tan altas al empezar un libro no es buena idea.
Miiiiiiiil besos a todos, y gracias por leerme.
Miiiiiiiil besos a todos, y gracias por leerme.
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