Me encantaría saber cual es la magia que tienen todos los libros de Nube de Tinta, que consiguen atraparme desde la primera página a la última, y me hacen sentir mucho más que cualquiera de los muchos libros que leo al mes.
Krista es una joven que ha sufrido mucho, muchísimo. Dos años atrás su madre falleció en un accidente de tráfico, y Krista no ha conseguido superarlo.
Su vida se ha convertido en una monótona rutina en la cual va a observar a diario la casa 758, la casa donde vive el muchacho que causó el accidente de su madre.
A causa del accidente, Krista pasó de ser una chica alegre y popular a una especie de ermitaña que se niega a abandonar su tienda de campaña instalada en el techo de su casa.
Ha llegado el verano, y su padre teme que Krista pase todo el verano dentro de casa, su única amiga se va de vacaciones y ella estará sola, así que cuando descubre que cada día su hija se dirige a la casa 758 decide tomar cartas en el asunto, y dejarla a cargo de su abuelo, que estará en su casa durante unos días a causa de unas revisiones médicas.
Lo que la protagonista y su padre no saben, es que pronto las cosas cambiarán gracias a Chad, a Jake y a su abuelo, personajes que harán que Krista, lentamente, vuelva a sentir.
Llevaba tiempo sin meterme tantísimo en la trama de una novela, y La casa 758 lo consiguió, además de ser terriblemente entretenida, consigue hacer reflexionar al lector en cada pequeño giro de la trama.
El final del libro me impresionó muchísimo, la autora se guardó bajo la manga una última sorpresa que hizo que se me removiera todo por dentro, elevando el libro hasta la cima de la pirámide de las lecturas que llevo durante este 2014.
Una novela increíblemente preciosa que dudo que a alguien no pueda gustarle.

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