Desde hace unos meses la cultura asiática en general llama mucho mi atención, leo bastante al respecto, veo algunas pelis y debato sobre el tema con mi primo pequeño, fanático de la cultura coreana.
Así que cuando me llegó a casa este libro ambientado en Japón casi di saltitos de alegría.
Las cosas en Japón están cambiando radicalmente, una nueva era en la cual la tecnología avanza a pasos agigantados se aproxima, y Tsuru no renuncia a su sueño, luchará tanto como sea necesario para llegar a ser como su padre.
Al principio del libro nos presentan una lista con los personajes que aparecerán a lo largo de las páginas. Algo que se agradece en todo momento, debido a que al no estar familiarizados con este tipo de nombres es fácil perder el hilo de la historia.
Además, cuando llegué a la página ciento noventa, tuve que asegurarme mediante internet de que Lian Hearn no era una escritora Japonesa, la ambientación está tan lograda y cuidada que cualquiera creería que ha pasado gran parte de su vida en Japón. Algo que ha hecho el libro más mágico, si cabe.
Esta novela ha sido muy diferente a lo que estoy acostumbrada a leer, no negaré que me costó meterme en la historia al principio, pero a medida que pasaba las páginas perdía cada vez más la noción del tiempo, completamente metida en la historia.
Recomendadísimo para todo aquel que quiera pasar unos días en el Japón de 1857, yo ya estoy buscando nuevos libros de este género para leer.

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